Al margen

No me quejaré. No soy de los que se quejan, soy de los que solucionan o al menos buscan soluciones. De qué sirve quejarse, de qué sirven las lamentaciones y las lágrimas.

De nada.

Lluvia y nada más. Luego todo sigue igual. Incluso la gente.
Y el corazón continúa bombeando emociones; la mente, razonando pensamientos, y
el tiempo... pasando.
El tiempo pasa. Es la única certeza que queda cuando sobreviene lo incierto. Menos mal que el tiempo pasa, si no, yo diría que no me he movido jamás de este punto gris, fuera y dentro de todo.

Gris.

El día se presentó gris y frío. Vacío en cierto modo, con demasiado ruido en mi cabeza. Cuántas veces habré deseado alejarme al fin de tanto ruido... Nadie preguntó jamás. Quizá nadie lo sepa. Cómo iban a saberlo, si no soy de los que se quejan.
La ciudad está llena de rostros que no miran, pero hablan sin parar.

Tanto ruido.

Necesito una pausa, un segundo para respirar... No me hace falta quejarme.
Sólo un momento, un mísero instante,
al margen de todo.

Lejos.

Fuera de este espacio y este tiempo. Lejos de las caras y las voces. Un momento, diez minutos o tres años... El resto de mis días. Despertarme y respirar. Sin prisa, sin miedo, sin desesperanza.
Sentir y nada más.

Nada más.

Nada más...







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